Hola a todos,
Después de varias semanas de blog, creo que ya es hora de que hagan
aparición los adultos y compartan protagonismo con los niños. Soy Marta y voy a
relataros mi experiencia personal, que creo que es también bastante compartida
por el resto.
Aunque el efecto novedad ya se va diluyendo -sobre todo tras comenzar
nuestras obligaciones profesionales, que inevitablemente imponen una rutina- estoy
tratando de alargarlo lo más posible. Es esa sensación de sorpresa y de
descubrir cosas, que dejas de experimentar cuando adquieres ya una rutina diaria.
Mis grandes momentos de euforia suelen ser las mañanas. Esa sensación
matinal de energía es más intensa los días que salgo a correr, a través de las calles
vacías, con su vegetación y casas impresionantes, y una ardilla dándome un
susto mientras se me enreda en los pies. O con un zorro paralizado enfrente de
mí que huye del parque antes de que lo abran al público.
Nuestro barrio es “bikeminded”. Se promueve el desplazamiento en bici y
muchas instituciones (coles, etc.) están adheridas al programa. Yo tengo una
bici ‘vintage’ (queda más molón llamarla así). ¿La habéis visto en la entrada de
Anuska? Tiene más años que yo, y creo que eso es lo que me gustó. Es negra
satín, de paseo, super bonita. Va mucho con mi reconstrucción hippy punkie
(jaja). Iñigo y yo nos fuimos el otro día a Hyde Park en bici. Y ya me he
enterado de que la noche de Halloween organizan una excursión ciclista (Ghost
cycling o algo así) visitando diferentes puntos, donde se rumorea que en el
pasado hubo alguna aparición, fantasma, blablabla, así que trataremos de no
perdérnosla.
Otra cosa que me encanta aquí es la alimentación fresca. Las lechugas las
compro en unas macetas rectangulares, con lo que arranco solo las hojas que voy
a tomar y luego me vuelven a crecer nuevas hojas. No sé si será sugestión, pero
mi lechuga me sabe divina. Ya tengo 3 macetitas en la cocina. En el barrio también
se pueden alquilar pequeñas parcelas para cultivar tus propios productos, pero
yo a tanto no me he animado.
Nuestra casa es pequeñita, pero yo la siento muy acogedora. Tiene grandes
ventanas blancas desde las que se ve mucha vegetación. Y a pesar de que está a
pie de calle, ésta no es concurrida y tenemos el jardín delantero, así que no
te sientes expuesto. De hecho me gusta tener siempre las cortinas sin correr,
ver a la gente pasar y hacer mío ese trocito de sus vidas. Nuestra habitación
da a la enredadera y la palmera del jardín, así que es un lujo sentarse en el
escritorio y mirar al exterior (aunque no quede espacio entre la mesa y la
cama;). La exuberante vegetación también tiene la contrapartida de que nos
acompañan a diario laboriosas arañas de diferentes dimensiones. El otro día, al
abrir la puerta de casa me encontré una telaraña enorme presidida por una araña
de tamaño acorde, que tuve que romper para poder salir.
Para los niños también esto está siendo un descubrimiento y, a pesar de que no siempre es fácil, lo están disfrutando. Y yo no puedo evitar una sonrisa cuando Anuska me cuenta un experimento de Science y compruebo que está haciendo una traducción literal. “a ver mamá, esta bombilla trabaja o no trabaja?”, o cuando me cuenta cosas de la época Victoriana, que está estudiando en Topic (y que hasta ahora únicamente asociaba por fonética a su primo Víctor y a su amiga Victoria), o cuando Elena corrige nuestra pronunciación o nos enseña nuevas expresiones, matizando si tienen un carácter más o menos informal. O cuando Iñigo nos cuenta el abrazo que le han dado sus amigos al meter un gol o el aplauso de sus compañeros (que le ha hecho morirse de vergüenza) tras presentar un trabajo.
¡Uff! Quería hacer algo breve y creo que me he pasado de extensión.
Hasta pronto,
Hasta pronto,
Marta