Como habréis notado, hace tiempo que no escribimos, y es que
en navidades, como hay muchas cosas divertidas que hacer, da pereza meter
entradas en el blog. No sé por dónde empezar, así que lo haré cronológicamente.
¿Os acordáis de que Anuska os contó que la última semana de
cole yo estaba malita? Pues continué hasta el domingo, pero para Nochebuena
estaba recuperada y pudimos celebrarlo con la familia de Aiden. Nos invitaron a
su casa a cenar. Su madre es super buena cocinera y toda la comida la había
preparado ella. Iñigo se comió todas las gambas. Y yo me hinché a bombones Ferrero Roché que
son mis preferidos. Estuvimos jugando al escondite por toda la casa y molaba un
montón, aunque yo casi siempre perdía,
porque la casa tiene tres plantas.
El año pasado cuando vinieron los Reyes me levanté a las 6
de la mañana, así que pensaba que lo mismo iba a pasar esa noche con Papá Noel,
pero al final Íñigo me despertó y casi no podía levantarme. Tuve un montón de
regalos. El que más me gustó fue la comisaría de policía de Playmobil, aunque
los otros también estaban bien: un Twister, unos pantalones vaqueros azul eléctrico, dos camisetas interiores
calentitas, un cepillo de dientes eléctrico, un libro para leer en voz alta, un
pijama de los calentitos, unos zapatillas de estar en casa que se parecen a
Rudolf, una caja de bromas, pero que era para Anuska y para mí, y un melón y
unas castañas (porque le pedí fruta). Estuve todo el día jugando con los
juguetes y no me gustó irme a dormir porque no es posible jugar a la vez que
duermes.


Esa noche me costó un poco dormir, pero una vez me dormí se
pasó rápido y ¡LLEGÓ MI CUMPLE! Esperaba ser despertada por mi familia
echándome nata en la cabeza, que era lo que les había pedido, pero eso no
pudimos hacerlo hasta la tarde, porque por la mañana no teníamos nata. Mi madre
me hizo mi desayuno favorito: torrijas. Y mientras me las comía les pedí si
podían darme los regalos, porque no podía esperar más. Iñigo me regaló la
camiseta de rayas tan chula que llevo en las fotos. Anus me dió un
mini-contenedor de basura (sale en una foto), una obra de teatro protagonizada
por Iñigo y Anuska, también muchas tarjetas de
felicitación y dibujos. También me regalaron un juego de Lego,
Minotaurus, unas botas muy chulas, un libro de la historia de Londres, una
especie de arena para crear tu propia nieve artificial, la cafetería de
Playmobil, 36 lápices de colores muy buenos, y otro juego con 50 bromas. Las
cinco últimas cosas fui a comprarlas a la tienda de juguetes más GRANDE de
Europa. Hamleys, que es la tienda, tenía 6 plantas enormes. Me costó un montón
gastarme 60€ en regalos y tardé dos horas en elegirlo, aunque me sobraron 50
peniques.

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Teníamos previsto que uno de los regalos fuera ir a Winter
Wonderland, que es una especie de parque de atracciones- feria que ponen en
Hyde Park en Navidad. Pero tuvimos que esperar al día siguiente, pues Anuska
estaba medio malita (ahora ya está bien). El día de Winter Wonderland estaba
gélidamente frío + frío x 99999999999999999999999999... A pesar de que me tomé
un chocolate que estaba ardiendo que me puso la boca tan caliente que sentí mi
lengua tanto, tanto como fuego, que paré de sentirla durante un minuto. Nos
subimos a dos sitios que se parecían a una atracción llamada Circus que vi en
una feria de Denia. Iñigo y yo fuimos también a unos coches de choque. Éramos
unos de los mejores conductores y cada vez que podíamos, que era casi todo el
rato, empujábamos a alguien. Duraba un montón, así que nos lo pasamos super
bien. Había un bar que estaba montado en un carrusel. Aunque estaba en marcha
mientras que la gente comía, nadie se mareaba. También esa tarde Justin nos visitó
y no paramos de contarnos cosas en todo el rato.
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Un día después quedamos con unas vecinas de España que
venían a ver Londres, y les enseñamos: Trafalgar Square, Big Ben, London Eye,
Buckingham Palace y Portobello*.
*El momento más memorable del día para mí fue cuando ahí nos
tomamos un crepe con medio bote de Nutella y nata.
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Tengo una amiga del cole que nos había invitado a Holland
Park, y como hace poco tiempo había sido su cumple, le regalamos un libro que
cuenta las memorias de una escritora infantil que fue deportada de Alemania
porque era judía. No paramos de correr y jugar por el parque y hubo un momento
que me lo pasé muy, muy bien, porque había una fuente de deseos y empezamos a
sacar las monedas, aunque más tarde la madre de Diana y George nos dijo que en
esa fuente hacían caca los patos y nos arrepentimos de lo que habíamos hecho.
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Esta Nochevieja fue diferente. Para empezar fuimos a cenar a
un restaurante iraní. Había un horno en el que hacían un pan redondo y fino que
parecía como una coca enorme muy, muy, muy, muy flaca. Estaba tan lengaprie*
que repetimos dos veces. El pollo también me encantó y la mantequilla. Aunque
el cordero no me gustó nada, valió la pena comer en ese restaurante. Cuando
llegamos a casa faltaban todavía 4 horas para las 12, así que tuvimos que
resistir como pudimos para poder tomarnos las uvas (como aquí no toman uvas, no
había en el supermercado, así que papá había comprado frutas sustitutas, pero
al final encontramos en una tienda india). Cuando llegó la hora y nos las
tomábamos, me lié con el tiempo y se me cayeron las uvas de la boca porque
tenía más de 8 a la vez.
*palabra inventada que significa ‘apreciado por la lengua’.
En Londres se celebra la New Year’s parade, que es un
desfile por el Año Nuevo. Estaba tan lleno de gente que no pudimos ver nada.
Así que terminamos entrando en el National Portrait Museum, donde vimos varios
retratos de diferentes épocas.
¡Feliz 2013! La verdad es que todavía me suena raro decir
2013, en vez de 2012, y creo que voy a tardar en acostumbrarme.
Elena