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| Elena con su "bottom" postizo |
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Las chicas,
dándome la bienvenida
disfrazadas a lo loco |
He estado una semana fuera y, a la vuelta, parece que hay
que dinamizar un poco esto del blog, que se ha quedado parado. Desde aquí os
animo a todos a que metáis comentarios, pues a los niños les hace mucha ilusión
comprobar que la familia y amigos sigue sus aventuras, y la participación de
los demás les motiva a seguir escribiendo cada semana.


Me voy a remontar al cumple de Iñigo. Fue el 26 de octubre y
lo celebramos con un pastel de Flakes (su chocolatina preferida) para
desayunar: una bomba para empezar el día, pues el pastel era denso y parecía
que no llevara más ingrediente que chocolate. Las chicas le habían preparado
sus regalitos, así que con tantas emociones Iñigo llegó ese día por primera vez
tarde al cole. Allí llevó chocolate y bombones para celebrarlo con sus amigos.
Y por la noche salimos a cenar, con una doble celebración, pues comenzaban las
vacaciones de Half Term. Cada mes y medio aproximadamente los niños tienen una
semana de vacaciones, por lo que estas están más repartidas a lo largo del año
que en España, y no se concentran tanto en el verano.


Ese mismo fin de semana Íñigo recibió también la primera
invitación de cumple y ¡le tocó madrugar!. Habían quedado para ir al cine a las
9,30h (lo del cine matinal parece habitual aquí). Tras la peli, compraron algo
de lunch y fueron a casa de su amigo a jugar. A otro que le tocó madrugar ese
fin de semana fue a Iñaki, pero por diferentes motivos. En el cole pidieron voluntarios para pintar
algunas clases, así que después de algunas dudas Iñaki dedicó un sábado a
‘lijar’ y pintar. Aquí el voluntariado está muy desarrollado, así como la implicación de
los coles y la sociedad en general en actividades de charity.




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Y por fin llegó Halloween. De 5 a 7 de la tarde (noche
cerrada aquí: ¡parecían las 11 de la noche!) acompañé a los monstruos a visitar
otras casas, lo que nos permitió charlar con algunos vecinos que todavía
conocíamos sólo de vista. También estuvimos recorriendo el barrio de un niño
del curso de Elena, que nos había invitado. Llegamos a casa tarde, para los
estándares británicos, así que nosotros sólo recibimos 2 visitas de Halloween,
con lo que nos ha quedado un importante excedente de chuches que teníamos
preparadas para la ocasión.
Al día siguiente nos visitó Elena. Llegó a mediodía y
salimos a enseñarle el barrio. A las 7 de la tarde estábamos en casa, ya
cenados y con un bostezo, y otra vez con la sensación de haber vuelto a casa de
madrugada (mientras caminábamos en la oscuridad faltaba el sonido de los
grillos).
En noviembre se celebra el día de Guy Fawkes, así que durante
toda la semana hubo celebraciones de fuegos artificiales y barbacoas. Nosotros
quedamos la noche del sábado con Olga, una compañera de Iñigo y su familia en
Ravenscourt Park donde habían instalado una feria. Allí cenamos, jugamos en
varios puestos de la feria, presenciamos los fuegos de Bonfire... ¡y nos
quedamos con los pies helados!. La noche terminó en un pub bebiendo chocolate
caliente con marshmallows (en español, las nubecitas dulces que suelen ser
rosas): es típico en estas fechas, aunque a mí me resultó un poco empalagoso.


Upps, iba a terminar sin comentar el estreno de Íñigo en los
Kensington Dragons. Ayer, por fin, fue su primer partido y quedaron empate.
Íñigo jugó todo el tiempo. Cuando llegó a casa iba como los niños de los
anuncios de detergente: ¡con barro hasta en la frente y el pelo! El problema es
que su madre no es como las de los anuncios, así que voy a tener que pedirle
que evite las zonas del campo con charcos o barro, y que trate de no deslizarse
por el suelo, lo que creo que va un poco en contra de las demandas del
entrenador, que le ha pedido más agresividad en las entradas.
Después del partido celebramos el estreno con un típico
Sunday Roast (que todavía no habíamos probado) con los Aidens;) en Portobello
House, un pub muy bonito que tenemos cerca. Estaba todo delicioso y con una compañía
muy agradable.